SAN EUFRASIO: ILITURGI, ISTURGI Y ANDÚJAR.-

Enrique Gómez Martínez

Real Academia de la Historia

Instituto de Estudios Giennenses.

Desde hace tiempo asistimos a un debate sobre el gentilicio de los naturales de Andújar. Este hecho no es nuevo ni extraño; ya que desde finales del siglo XVI se identificó el poblado íbero romano de Los Villares de Andújar con Iliturgi, para así asignarnos el nombre de San Eufrasio como Patrono de la ciudad, siguiendo las indicaciones del Concilio de Trento que propiciaba y propugnaba el culto a los santos en todos los pueblos de la cristiandad. En consecuencia en 1597 se trae una reliquia desde Galicia y se coloca en el convento de los PP. Trinitarios. A partir de entonces cada 15 de mayo se celebraron grandiosas fiestas que durante el barroco alcanzaron su mayor esplendor, siendo el Ayuntamiento el encargado de hacerlas y costearlas, llegando a desaparecer la celebración hasta que en la década de los ochenta del siglo XX se crea la Hermandad de San Eufrasio, que viene desarrollando una admirable labor en pro de nuestro Patrono y de la Diócesis de Jaén (Gómez Martínez, 2004: 43-58).

Con el paso de los siglos y teniendo en cuenta que la historia y la arqueología son una ciencia, se llegó a ubicar en Los Villares de Andújar, a la ciudad de Isturgi con la titulación romana de Municipium Triumphalis Isturgitanum,(véanse los estudios realizados por la Dra. Isabel Fernández García, Dra. Mercedes Roca, Dr. Manuel Sotomayor y Antonio Ruiz Parrondo, entre otros arqueólogos, publicados en la Revista CVDAS, números 1-6, Granada, 2000-2008 y de Cruz Utrera, 1990: 101-103) mientras que en Mengíbar se sitúa la Colonia Forum Iulium Iliturgitanum, es decir Iliturgi (Cerro Máquiz, Cortijo de Las Torres) (Jiménez Cobo, 2006: 17-42). Como vemos estamos ante dos localidades distintas, confirmadas por Plinio (23-79 d.C.) y por la ley visigoda del año 612 (Torres Jiménez, 2005: 13). Cuando hablamos de estos dos núcleos de población iberos-romanos, no existe aún como ciudad la actual Andújar, árabe; únicamente había un paraje en el que existían casas de recreo próximas al río Guadalquivir; de ahí que cuando se realizan excavaciones arqueológicas, antes de edificar en el casco urbano, no aparezcan restos romanos. Creo que queda todo bastante claro e irrefutable. Por tanto estamos hablando de tres localidades distintas: Iliturgi, Isturgi y Andújar, cuyos gentilicios son Iliturgitanos, Isturgitanos y Andujareños o Andujanos.

En consecuencia llamarnos andujareños o andujanos a quienes habitamos Andújar, no debe suponer ningún trauma y debe ser lo correcto, pudiéndose admitir el gentilicio Iliturgitano, según algunos escritores indican (Carriscondo Esquivel, 2008); como tradición cultural heredada desde el siglo XVI, al considerar aquellos historiadores que Iliturgi estuvo en el actual emplazamiento de nuestra ciudad. Lo que si debemos dejar claro a las presentes y futuras generaciones es que hubo un error o un interés piadoso de situarla en Andújar. Lógicamente es muy difícil erradicar dicho gentilicio, que admite el Diccionario de la Real Academia Española, pero que seamos conscientes al utilizarlo del porqué lo hacemos. La sociedad actual no puede estar con ideas e historias de épocas pasadas, cuando la arqueología nos lo demuestra científicamente. Defender el gentilicio andujareño para los naturales de Andújar, no es desconocer la lengua o la cultura, es únicamente decir que Ilitugi no estuvo jamás en donde la situaron en el quinientos. (Gómez Martínez, 2007: 6).

San Eufrasio.-

Todo lo dicho no le quita veracidad alguna a la existencia de San Eufrasio, como algunas personas pueden pensar; ya que hay quienes en pleno siglo XXI consideran que ubicar Iliturgi en Mengíbar y llamarnos andujareños, pone en duda la figura de nuestro Patrono. No se trata de ningún “ataque”, ni de “borrar pasado alguno brillante”, de lo único que se trata es de hacer justicia a la historia de Andújar que no necesita que se le “maquille” su currículo con falsedades. La historia de una ciudad como la nuestra y creo que como cualquier otra, no se merece estar escrita en base a mentiras que hoy se han demostrado así científicamente. Flaco favor le hacemos si seguimos creyéndonos lo que nuestros antepasados escribieron, jugando a hacer historia, con su mejor voluntad y para los hombres y mujeres de su época, muy lejos del rigor que hoy se exige. Por supuesto, lo antes dicho, no quiere decir que todo aquello que escribieron Terrones Robles, Salcedo Olid, Pérez Guzmán o Fe y Jiménez, por citar a los más conocidos y próximos a nosotros, fuera mentira, nada más lejos de la realidad, lo único es que hay que saber distinguir los hechos que en la actualidad se han probado sobradamente como no ciertos o no ajustados a la realidad y que cuando dichas personas los dejaron escritos los dieron por buenos y verídicos.

Tal vez esas dudas actuales vienen de tener una fe poco sólida, con pies de barro, pensando que si decimos que dicha localidad no se sitúa aquí y que el gentilicio es otro, sus creencias y las de los demás pueden derrumbarse en cualquier momento, y nada más lejos de la realidad. La fe necesita de la cultura, tal como dijo S.S. El Papa Juan Pablo II en 1982: “La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe… Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida” (L´Observatore Romano).

La existencia de San Eufrasio y veneración local está sobradamente demostrada por el testimonio firme e independiente de San Eulogio de Córdoba, fallecido en el 859, que apunta: “… en tiempo del emperador Heraclio, séptimo año de su imperio, corriendo la Era 656; en este tiempo el obispo Isidoro de Hispalis sobresale en la doctrina católica, y Sisebuto ocupa el trono regio en Toledo. Junto a la ciudad de Iliturgi es edificada la iglesia de San Eufrasio sobre su sepulcro. Asimismo en Toledo se trabaja en el sorprendente templo de Santa Leocadia, bajo las órdenes del antedicho príncipe…” (Torres Jiménez, 2005: 10).

Es más: “Al edificio religioso de Iliturgi mencionado por Eulogio podría pertenecer la inscripción cristiana de época visigoda CILA.III 241, hallada en el Cortijo de Las Torres de Máquiz (t.m. Mengíbar) en la que dice: Traducción: “Escuchame Señor; libérame”. Los cristianos debieron abandonarlo al estallar la rebelión muladí en tierras de Jaén en el año 888 (…) El edificio religioso situado junto a Iliturgi se reaprovechó para erigir un fortín musulmán denominado “castillo del Convento”. El nombre responde al actual caserío de Isnadiel o Iznadiel, cortijada próxima a Cerro Máquiz (…)” (Torres Jiménez, 2005: 13).

El porqué del cuerpo de San Eufrasio en Galicia, viene explicado porque: “Entre los numerosos monjes andaluces que emigraron a Galicia en aquellos aciagos tiempos, un pequeño grupo se instaló a finales del siglo IX en San Pedro de Rocas. Lo primero que fabricaron fue un altar de estilo mozárabe sobre el que celebrar la Eucaristía. Con ellos traían, entre otras cosas, lo más entrañable de su viejo archivo: una caja con algunos códices o escritos de los primeros tiempos de la congregación. En la tablilla pétrea de la caja se leía: (…)

Traducción: “Herencia de nuestros Eufrasio, Eusanio, Quinedio, Eacio, Flavio, Rubeo; Era 611”.

Si esta lista hace referencia a los primeros abades de la comunidad de origen, y Rubeo había fallecido antes del 573, el primero de ellos, Eufrasio, podría ubicarse en la primera mitad del siglo V. El calendario Jeronimiano (c. 450) conmemora a un San Eufrasio el 14 de enero. Aunque no se indica la ciudad o país, lo cierto es que, fuera del iliturgitano, en ninguna otra parte de la cristiandad del primer milenio se veneró como santo a ningún Eufrasio, que sepamos.

En resumen: Eufrasio no sería el primer evangelizador del Alto Guadalquivir, pero sí podría haber sido el primer personaje histórico de tierras de Jaén venerado como santo, de modo que su patrocinio sobre la actual diócesis giennense sigue siendo válido”(Torres Jiménez, 2005: 14).

Como hemos visto anteriormente la figura de San Eufrasio, con rigor, no la podemos negar, todo lo contrario, sin necesidad de recurrir a historiadores andujareños antiguos, a pesar de que para alguien Terrones Robles sea la Biblia lo publicó hace más de trescientos cincuenta años. Esa historia ya está superada, no podemos estar pensando que un libro del siglo XVII sea la última palabra; ya que la historia es una ciencia y como tal realiza nuevos descubrimientos científicos cada día, estando avalados por una documentación rigurosa, no basada en falsos cronicones, cronicones que la propia iglesia católica ha reconocido como tales y rechaza.

Por otro lado, si la Fe en San Eufrasio la basamos fundamentalmente en que Iliturgi estuviera en Andújar y en llamarnos andujareños o andujanos; por la misma regla de tres, quienes dan culto a la Virgen de la Cabeza fuera de nuestra ciudad, deberían dejar de hacerlo, al no haber sido en su localidad donde surge el hallazgo o aparición de nuestra Patrona. Claro, lo dicho sería absurdo. Si nuestra Fe en Dios la Virgen y los Santos, como católicos, la tenemos sustentada en historias antiguas, nuestra Fe está muerta, nunca ha sido auténtica. La Fe de una persona y de una colectividad no puede justificarse o desaparecer porque nos digan, de forma documentada y fehaciente, que ciertos hechos no son tal cómo nos lo contaron o porque en nuestra ciudad no esté el origen de esa devoción. Si ello nos ocurre es que no hemos sido creyentes nunca, en este caso en San Eufrasio. Lo que debemos es agradecer que nos dieran como Patrono a un personaje histórico importante como él.

Bibliografía:

- Carrriscondo Esquivel, Francisco M. “Lección de historia (de la Lengua) para ciertos historiadores”. Páginas de Opinión. Diario Ideal. Granada, 13-04-2008.

- Cruz Utrera, José. Arqueología de Andújar. Torredonjimeno (Jaén), 1990.

- CVDAS. Revista de Arqueología e Historia. Asociación Cultural Cvdas de Andújar. Directora Dra. Isabel Fernández García, Universidad de Granada. Sus páginas recogen, principalmente, importantes estudios sobre Isturgi (Los Villares de Andújar), es de consulta obligada para este tema.

- Gómez. Martínez, Enrique. “La devoción a San Eufrasio en la Edad Moderna. Siglos XVI-XVIII”. IV Centenario del Patronazgo de San Eufrasio sobre la Diócesis de Jaén. Hermandad de San Eufrasio. Andújar, 2004.

- Gómez Martínez, Enrique. “Los naturales de Andújar, ¡Andujareños!”. Andújar Hoy. Opinión. Andújar, 23-05-2007.

- Jiménez Cobo, Martín. “Inscripciones romanas de Mengíbar”. Boletín Instituto de Estudios Giennenses, nº 193. Jaén, 2006.

- Torres Jiménez, Juan Carlos. “La iglesia mozárabe en tierras de Jaén”. Boletín Instituto de Estudios Giennenses, nº 192. Jaén, 2005.